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domingo, 1 de marzo de 2009

INVITACIÓN A CINE

Por: Camilo Acosta

Solo la magia del cine puede ser tan sublime para estar acompañado del maravilloso arte de la música, el alimentar una historia con el soplo profundo que tiene la melodía en sinergia con la poesía, es vida, y solo es posible a través de los sueños hechos imágenes… Las historias de amor, las películas políticas y la trascendencia social que llega al séptimo arte se detienen en la pantalla grande y se convierten fascinantes cuando el director de sonido con su musicalizador extiende sus manos dispuestas hacernos sentir emociones, hacer que la magia se vincule con nosotros y de las sillas no podamos levantarnos por tanto goce que recorre nuestro cuerpo, esperar que nunca se detenga el sentimiento y no responder al estimulo, no llorar, no reír y no revivir sentimientos es imposible, no tomar la mano a la mujer que nos acompaña en medio de tal éxtasis y no dar la caricia mas tierna a través del cine, es no haber visto buen cine y es no saber apreciar una buena mujer.



Invito a salir a llenar las salas de cine, transportarse con el director e ir con la compañía de la mejor pareja, invito a que se den un espacio embriagues artística con una buena película… Invito a ver cine.

domingo, 25 de enero de 2009

LGTB MÁS QUE UNA MARICADA.

Por: Camilo Acosta.

Colombia ha logrado en los últimos 50 años cambios significativos en los promedios de sus indicadores sociales, los datos que se oculta hacen parte del adorno de Departamento Nacional de Estadísticas "DANE", grandes disparidades regionales que se han mantenido a lo largo del tiempo por corrupción, por favores políticos y cliententelismo, no son ajenos a la inversión de genero, como señalan los resultados de investigaciones económicos, sociales y publicitarias de tendencias de compras por generos que dejan como consecuencia un país falto de educación en respeto así mismo y a sus similares, pero de interes por compra y venta de productos por aquellos que son colombianos en datos comerciales.

Las poblaciones rurales y los grupos marginales urbanos aunque han mejorado en cifras, mantienen diferencias con los promedios nacionales, la distribución de la población por edad es de tipo de transición en los departamentos de mayor concentración urbana y las causas de mortalidad están ligadas a los jóvenes que siguen esperando una verdadera política de género pensada por edad y por segmentación de gustos, que permita crecer al individuo como ciudadano de derechos y no como un ser diferente falta de ellos.

En Colombia el genero se entiende en su sentido del ciclo vital naturalista como el varón para la masculinidad y la mujer como la feminidad, pero no hay explicaciones real para los gay`s, homosexuales y los transgeneristas que como ciudadanos tienen y exigen sus derechos, hoy no hay una política divida por edades y de multiplicidad de genero, los jóvenes son el problema y si pertenecen a un genero salido del naturalista aún lo son más.

Así son las propuesta de desarrollo de las secretarias municipales: "enfrentemos el problema de genero y no afecte a el pueblo(intervención de secretaria de desarrollo Laura Daniela Tena de Chaguaní Cundinamar 1998) , hoy después de una lucha silenciosa de movimientos lentos en la teoría, pero activistas en la liberación de dicha represión, se puede decir en algo que ha cambiado la perspectiva de género en los colombianos.

La perspectiva de género no es una teoría ni una metodología. Es, básicamente, una manera de mirar los diferentes hechos y procesos sociales enfatizando en las asimetrías, desigualdades, inequidades y o exclusiones resultantes de concepciones, percepciones, normas, prejuicios, mitos, sentimientos y valores respecto de la condición femenina y o masculina".

"La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos los hombres, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Sin embargo, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada, por ser contraria al plan divino" diría la posición religiosa si fueran ellos los diferentes.

Desde hace algunos años, algunos denominan género a lo que parece diferenciar la identidad femenino de masculino; así como las múltiples características que conllevan: comportamiento, actitud, consideración social, etc... "El sexo es una categoría biológica. Según ésta los seres humanos, de acuerdo a las diferencias fisiológicas y morfológicas, pueden ser clasificados como hembras y machos.

El género es una construcción socio-cultural que define diferentes características emocionales, intelectuales y de comportamiento entre las personas por el hecho de ser hembras o machos, distinguir entre sexo y género es útil para diferenciar lo que es "natural" (lo biológico) de aquello que no lo es (lo cultural)." …En las ciencias políticas y sociales, hay autores que ya en el siglo XX diferencian entre sexo y género; asignando lo primero a una realidad biológica y lo segundo a una creación social.

El siglo XXI comienza con la inserción de los estudios de género en las líneas de investigación de las universidades americanas y europeas. Algunas publicaciones de principios de siglo XXI, como la obra de Judith Butler (El género en disputa, Deshacer el género), parecen afirmar que el género en sí no existe; cuestionando la obra de Freud, la Teoría queer y el feminismo, se pregunta hasta qué punto las conductas que diferencian a los hombres y mujeres son biológicas o sociales.

Las marcadas diferencias de género quedan vinculadas así al machismo, propio de sistemas y civilizaciones que, aunque respetables, `y aún entre comentarios de lógica más subdesarrolladas, NO SE PERCIBEN COMO SERES RACIONALES DE GUSTOS Y SIGNIFICACIONES ÚNICAMENTE PROPIAS AL SER HUMANO.

jueves, 21 de febrero de 2008

LAS MUJERES EN LA HISTORIA.

Por: Magdala Velásquez Toro (dirección académica)

Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995.


Actualmente, en el ámbito internacional, entre los desarrollos más notables de la disciplina histórica, tanto desde el punto de vista teórico como empírico, se cuenta con lo que se ha dado en llamar la historia feminista, que ha proporcionado notables contribuciones al estudio de la sociedad en general y más exactamente de esa "mitad invisible" de la humanidad; es decir, de las mujeres. Esos avances historiográficos no han sido un resultado puramente intelectual o académico sino que se inscriben dentro de los muy diversos y complejos procesos de lucha que las mujeres del mundo entero han adelantado en forma consciente y organizada desde la década de 1960. Como resultado de esas luchas teóricas y prácticas, se ha ido constituyendo eso que, en forma un poco ambigua, se denomina feminismo, pero que en realidad debería llamarse feminismos, por la diversidad de interpretaciones e intereses en juego. Los feminismos, de muy diversas tendencias ideológicas y políticas, han ido construyendo una crítica seria y razonada al patriarcado (en América Latina, el machismo) y han reivindicado las especificidades de las luchas de género propias de la condición femenina.

En Colombia, como era de esperarse, los efectos tanto analíticos como prácticos de las luchas femeninas han demorado en llegar, pero ya se observan los primeros resultados en el plano investigativo y académico. No obstante, pese a todos los cambios experimentados por la sociedad colombiana, las mujeres —y sobre todo las mujeres pobres— siguen siendo el sector social más explotado, oprimido y marginado.

Como un resultado de esas preocupaciones e influencias feministas, recientemente se ha publicado la colección Las mujeres en la historia de Colombia, en tres compactos volúmenes. Este trabajo recopila un total de 52 ensayos escritos por más de 40 investigadoras e investigadores, que pretende abarcar la historia de Colombia desde los tiempos precolombinos hasta el presente.
Teniendo en cuenta la diversidad temática y analítica, es difícil y pretencioso hacer una reseña de tan variada producción. Por esta circunstancia, este comentario sólo pretende efectuar algunas glosas marginales a estos tres volúmenes.

El primer volumen está consagrado al tema Mujeres, historia y política, en donde se incluyen trabajos que analizan la situación de la mujer desde las sociedades prehispánicas hasta el presente. Las diversas autoras y autores se concentran en temas específicos, que en algunos casos analizan a partir de fuentes primarias y en otros de fuentes secundarias, según la disponibilidad de información, que en el caso de la mujer —como sucede con todos los grupos sociales marginados u olvidados— se hace todavía más difícil, por lo menos para los períodos prehispánico y colonial, en la medida en que o no existe documentación o las mujeres aparecían muy de vez en cuando en la información oficial. Este primer volumen está dividido en tres partes: la primera hace un recorrido histórico, la segunda se ocupa de la evolución de la legislación sobre la mujer y la tercera trata de la situación actual de las mujeres.

Entre los ensayos más sugestivos se encuentra el primero de Roberto Herrera, consagrado a las mujeres en las sociedades prehispánicas, tema en sí mismo de difícil manejo, si se tiene en cuenta la poca información disponible. Sin embargo, el autor, a partir de la reconstrucción de mitos y cosmogonías, ubica el papel fundamental que la mujer desempeñó en estas sociedades, al igual que la forma como era vista por la sociedad en su conjunto. Contrastándolo con el papel subordinado y de inferioridad que tiene la mujer europea del siglo XV, el autor indica que en las sociedades indígenas no existía tal concepción, puesto que a las mujeres se les asignaba un papel central en el nacimiento de las culturas (pág. 8). Las pautas culturales y sexuales de esas sociedades no se regían por los criterios que después de 1492 se impondrán a sangre y fuego, tales como la virginidad, la pureza, el matrimonio consagrado por una institución diferente a la misma sociedad, o la familia monogámica.

Seguidamente se analiza a la mujer castellana, mostrando las diferencias culturales más significativas que la distinguen de las mujeres indígenas, y que son una clara expresión de la cultura católica ortodoxa que vendrá con la conquista del continente. Justamente, la mujer castellana padecía todos los sufrimientos y discriminaciones que luego se importarán violentamente al continente americano. Es la clara expresión de la mujer reducida al ámbito privado y doméstico; sin más perspectivas que servir al hombre, sea su padre, hermano, esposo o hijo; privada de cualquier libertad o derecho; sumida en las actividades puramente reproductoras o místicas, sin ningún contacto con el mundo exterior, salvo en trabajos excepcionales o en la prostitución. Todo esto reforzaba la imagen dual de la mujer en el mundo católico-colonial: ejemplo de pureza y castidad —como proyección imaginaria de la virgen María— o manifestación de la lujuria y el pecado —como proyección imaginaria de Eva, la primera mujer pecadora—. En diversas partes de esta colección se recordará este dualismo, el que se manifestará más claramente en la época colonial, como expresión evidente del predominio cultural y moral de la religión católica, pero que incluso se proyecta hasta el presente en lo atinente a los estereotipos predominantes sobre la condición femenina y al notable influjo de la moral católica.

Dos capítulos están consagrados a la mujer durante la independencia, uno de ellos dedicado a Policarpa Salavarrieta. Sustancialmente, éstos no aportan nada de novedoso a la comprensión del asunto, quizá en razón de la imposibilidad de acceder a nuevas fuentes primeras. Dos capítulos también están referidos a Soledad Acosta de Samper y a María Cano, la primera tal vez la mujer colombiana más importante del siglo XIX, sobre todo en el plano intelectual, y la segunda la principal agitadora de masas que ha tenido el país en el siglo XX.

Una parte sustancial del libro está dedicada a la condición jurídica de las mujeres (págs. 173-278 y 421-455). En estos capítulos se hace un detallado recuento de la evolución de la legislación colombiana con respecto a la mujer y de las diferentes conquistas hasta el día de hoy. Se hace una descripción de los debates desarrollados en diferentes períodos del siglo XX sobre el tema, haciendo resaltar tanto las posturas favorables como las adversas a las mujeres. De ese análisis se desprenden varias conclusiones: en primer lugar, el predominio de larga duración de la visión católica, confesional y moralista sobre la mujer que se reforzó durante la República Conservadora, y en segundo lugar, que pese a diferencias programáticas entre los dos partidos tradicionales, con contadas excepciones en el seno de cada uno de ellos, se identificaban en cuanto al papel subordinado y a la supuesta inferioridad de la mujer, argumento que se estilaba para negarle la igualdad de derechos y oportunidades en los espacios públicos y familiares. Es interesante recordar que políticos liberales que han sido exaltados como figuras democráticas, no sólo de ese partido sino de todo el país, vociferaban contra la igualdad de los sexos. Al respecto, se destacan voces como las de Armando Solano, Antonio Rocha, Alberto Lleras Camargo, Calibán y Germán Arciniegas. Éste último, por ejemplo, llegó a afirmar en 1934 que la mujer no debía ingresar en la universidad porque eso "traía como consecuencia principal varios trastornos sexuales" (pág. 220). Opiniones similares expresaron a lo largo del siglo XX distintos portavoces de los partidos y de la Iglesia católica.

En el capítulo de Magdala Velásquez se encuentran dos imprecisiones: una primera cuando afirma que en 1919 en la Asamblea Obrera se fundó el Partido Socialista Revolucionario (pág. 188), pues el que se fundó fue el Partido Socialista; y una segunda cuando señala que en 1944 la lucha por los derechos femeninos contó con el apoyo de la izquierda, "agrupada en ese entonces en el Partido Socialista Revolucionario" (pág. 211). Este partido hacia años había desaparecido, y la organización comunista de ese momento se llamaba Partido Socialista Democrático. Al margen de estas dos imprecisiones, esos capítulos de tipo jurídico precisan bien el cuadro general del debate respecto a la condición femenina y permiten captar el tipo de mentalidad machista predominante en Colombia en el ámbito de la "alta política".

En la parte final del libro, consagrada a la situación de las mujeres hoy, se analizan distintos aspectos de tipo laboral, político, electoral y de la vida cotidiana. A mi modo de ver, en general ésta es la parte más floja de este primer volumen y, posiblemente de la totalidad de la obra, en virtud de una serie de carencias analíticas para comprender la situación actual de las mujeres en Colombia. En efecto, la visión, en términos generales, es muy optimista sobre las perspectivas de las mujeres en nuestro país, sin considerar para nada los desastrosos efectos del neoliberalismo en todos los niveles, de cuyas andanzas las mujeres son las más directamente afectadas, no solamente por los efectos laborales (desempleo, flexibilización, privatizaciones, etc.) sino por los efectos sociales (incremento de la prostitución, de la pornografía infantil, del tráfico de blancas, etc.).

La feminización de la pobreza habría sido una veta fecunda para analizar la situación contemporánea y del inmediato futuro de la mujer y de la niñez colombiana, lo que también habría podido proyectar una diferenciación necesaria en cuanto a género, complementada obligatoriamente con la noción —hoy olvidada, pero a pesar de ello más válida que nunca— de clase social. Pues no todas las mujeres se ven abocadas a prostituirse o a perder su empleo, sino que eso afecta muy particularmente a las clases subordinadas de la sociedad.

De alguna forma, estos vacíos son explicables por el optimismo posconstitucional que se percibe en ciertos artículos, que deja la impresión de que para mejorar la condición de las mujeres sólo bastan las disposiciones jurídicas. En este sentido, si los análisis jurídicos son muy coherentes y organizados, los análisis sobre la situación real de las mujeres lo son menos. No se encuentra una correspondencia en rigor y profundidad entre los dos terrenos de análisis. Pareciera que lo jurídico determina lo real, por lo que el énfasis en esto último es menos acentuado.

Tal vez con la excepción de los artículos consagrados a la violencia ("Mujeres y violencia, una historia que no termina") de Marta Lucía Uribe (págs. 349-361) y a los "Estereotipos sobre la feminidad" de Juanita Barrero, la situación real de la mujer es considerada en forma muy apresurada. El artículo sobre la violencia plantea con claridad las características de la violencia "privada" y cotidiana que se ejerce sobre las mujeres, violencia que adopta diferentes modalidades, tales como la violencia sexual, la violencia intrafamiliar, y los efectos de la violencia estructural sobre la mujer. Por su parte, el capítulo sobre los estereotipos es un muy serio análisis teórico-descriptivo sobre todos los prejuicios y lugares comunes repetidos hasta el cansancio en una sociedad tan machista y sexista como lo es la colombiana.

En resumen, si la proyección histórica de este primer libro es muy coherente —pese a la diversidad de miradas—, la parte referente a la situación presente y a las perspectivas inmediatas de la mujer en nuestro país es bastante desigual, en la medida en que no se ocupa de considerar los efectos negativos de la generalización del neoliberalismo y de la "feminización de la pobreza", lo que refuerza muchos de los soportes del machismo y de la sociedad patriarcal capitalista.